Una pesadilla que no se olvida con el tiempo. EN VISPERAS DEL «DIA CONTRA LA TORTURA», AMNISTIA INTERNACIONAL HA DENUNCIADO LA CONCESION DEL INDULTO A CATORCE AGENTES CONDENADOS POR TORTURAS, ASI COMO LA CONDECORACION DE MELITON MANZANAS. Testimonios de torturados.
Información publicada en GARA el 11 de febrero de 2001.
Una pesadilla que no se olvida con el tiempo
EN VISPERAS DEL «DIA CONTRA LA TORTURA», AMNISTIA INTERNACIONAL HA DENUNCIADO LA CONCESION DEL INDULTO A CATORCE AGENTES CONDENADOS POR TORTURAS, ASI COMO LA CONDECORACION DE MELITON MANZANAS. Testimonios de torturados.
La concesión de recompensas y honores a torturadores transmite un mensaje claro: que en España no se castigarán de forma efectiva las violaciones de derechos humanos». La advertencia proviene de Amnistía Internacional y se recoge en el comunicado hecho público el 30 de enero pasado. El motivo de la misma: la concesión del indulto, en diciembre del 2000, a once agentes de la Policía española y a tres guardias civiles condenados por su implicación en casos de torturas.
En ese mismo comunicado, el organismo internacional también se refiere a la condecoración, el 19 de enero, de Melitón Manzanas, jefe de la Brigada Social en Gipuzkoa durante la dictadura franquista, tristemente recordado por su destacado papel como torturador de decenas de vascos,
A raíz de esos hechos, AI recuerda a las autoridades españolas que han ratificado tratados de derechos humanos que les obligan a impedir la práctica de la tortura. El mensaje con el que concluye la nota es claro: «El Gobierno español debe poner fin al trato de favor hacia aquellos que matan y torturan en nombre del Estado».
Ese trato de favor al que alude AI es, precisamente, el que han recibido tres de los cuatro policías que fueron condenados por torturar a Enrique Erregerena hace casi diecinueve años.
Erregerena fue detenido el 28 de setiembre de 1982 en Ituren y permaneció diez días incomunicado en la DGS en Madrid. En el momento de su detención estaba de baja por paranoia, a raíz de que la Policía había estado buscándole varios días. A pesar del tiempo transcurrido, tiene muy presentes aquellos días. «Recuerdo claramente lo que pasó porque fue muy duro. Según mi situación anímica, todo aquello me viene a la cabeza y, de noche, a veces, suelo soñar. No lo paso nada bien porque no son cosas para recordar».
No obstante, hace un esfuerzo para relatar los golpes, puñetazos, tirones de pelo y corrientes eléctricas que padeció por todo el cuerpo, «desde aproximadamente las ocho de la mañana que me subían a la sala de interrogatorios, hasta que me volvían a bajar a la celda, hacia las seis de la tarde».
Como consecuencia de ello, «tenía la cintura destrozada, no podía mover los pies y tampoco podía coordinar las manos. Me era imposible comer, para coger un cachito de membrillo tenía que hacerlo con las dos manos», relata. El sufrimiento del iturendarra, sin embargo, no se limitó a la tortura física. «Se metían con mi madre, que estaba enferma desde que fueron a buscarme. Si me metía en ese mundo, me derrumbaba, y por eso intentaba evadirme de esos pensamientos. No entendía qué podían tener contra mí y me decía que tenían que dejarme libre. En cada sesión de tortura pensaba que iba a ser la última, pero pasaban las horas, se iban los días y las noches, y la última nunca llegaba. Fue muy duro».
Al cabo de diez días, fue conducido ante el juez. «Allí me encontré con el abogado Pepe Uruñuela, al que no reconocí». Erregerena explica cómo se quitó la chaqueta para enseñarle las marcas que tenía e interrumpe el relato emocionado, disculpándose porque no puede continuar. Tras un breve silencio y un pequeño paseo por la habitación, prosigue. «Se me hace muy duro recordarlo, es muy difícil volver a aquellos años». A pesar de que no había ningún cargo contra él, «era muy escandaloso dejarme libre en aquel estado, parecía un abuelo de 80 años, y el juez me envió al Hospital Siquiátrico de Carabanchel. Allí me recluyeron en una celda de aislamiento». A los diez días le trasladaron a la prisión de Carabanchel y, tres días después, quedó en libertad sin cargos. Su baja se prolongó durante ocho meses y, desde entonces, no puede trabajar en turno de noche.
A pesar del mal trago que ha pasado, concluye que «es mejor soltarlo que tenerlo dentro».
Esa misma sensación invade a Encarni Martínez cuando rememora «el infierno» que padeció en manos de la Guardia Civil. «Hay veces que necesitas hablar de ello, yo, al menos, me siento más aliviada».
Esta mujer fue detenida el 5 de junio de 1994 en su domicilio de Usurbil. Tras pasar por el cuartel del Antiguo, fue conducida a Madrid. «Nada más llegar, me dijeron: ¿ya ves dónde estás? La hija puta esa de Yanci murió aquí, la matamos aquí, y porque muera una rata más, no pasa nada». Su reacción en ese momento «fue muy fría. Me lo planteé muy fríamente, o sales libre o sales muerta».
Ni entonces ni ahora se explica cómo reaccionó así, pero sí recuerda que en el trayecto a Madrid «me mentalicé de lo que me esperaba».
Recibió golpes continuos en todo el cuerpo y le aplicaron electrodos «en los tobillos, rodillas, culo, ingles, espalda, pechos, brazos, cuello y en la cabeza. Además, me ponían una bolsa de tela en la cabeza y encima una de plástico. Me apretaban la bolsa en el cuello, la tripa para sacar el aire del estómago y me tapaban la boca». Al tiempo que relata lo vivido, también guarda en su memoria los rasgos, color de pelo, constitución y demás características físicas «del que más me pegó».
El dolor físico, para una persona enferma de hemofilia como ella, fue muy intenso, «pero por un lado habría preferido que me hubieran dado más, por la sencilla razón de que jugaron mucho sicológicamente con mis hijos». «Me hicieron creer continúa que estaban allí. Era una especie de magnetófono y la voz que se oía era de ellos. Oí cómo les preguntaban el nombre y ellos lo decían. No se puede explicar lo que sientes en esos momentos, es muy fuerte. Yo lo único que quería era intentar salir de allí, porque tenía dos hijos esperándome».
Al revivir esos momentos, recalca que «lo que más rabia me da es que te sientes muy impotente y sola, llegó un momento en que me sentía como un bichito raro al que iban a pisar en cualquier momento».
A los tres días salió en libertad sin cargos y, horas más tarde, ingresó en el Hospital de Gipuzkoa. En los cinco días que estuvo allí «me inyectaron 27 litros de suero. Desde entonces sufro dolores en las costillas y duermo muy mal».
* Ni un instante de respiro
«Infierno» es también el calificativo que usó Josu Arkauz al relatar su experiencia tras ser entregado a la Guardia Civil el 14 de enero de 1997, cuando cumplía 35 días en huelga de hambre y varios de sed. El arrasatearra, que fue torturado «con una brutalidad inenarrable», según se recoge en su testimonio, denunció golpes, bolsa y electrodos. En un momen- to de su relato se refiere a este último método. «Siempre con los ojos cubiertos, oía, en el silencio absoluto de la sala, el inconfundible sonido que emite el contacto de dos polos eléctricos opuestos. Me acercaron los electrodos a los oídos, y notaba cómo se me erizaban los cabellos y los pelos de las diferentes partes del cuerpo cuando las descargas se producían en su proximidad. Traté de desembarazarme de quienes me sujetaban, presa del pánico que me producía el sonido de las descargas moviéndose a lo largo de mi cuerpo, pero debido a mis mermadas fuerzas conseguían inmovilizarme sin grandes esfuerzos».
Arkauz, quien pidió «reiteradamente que me dispararan en la cabeza, que me matasen de una vez», tuvo que ser trasladado al hospital debido a su extrema debilidad y a una arritmia. «Recibí en mi organismo tres bolsas de una solución transparente, me realizaron análisis y auscultaciones, y luego me comunicaron el regreso al infierno. Protesté e imploré a gritos a los médicos que impidieran mi traslado a aquel lugar donde se me estaba sometiendo a malos tratos. Crucé miradas de comprensión, solidaridad e impotencia... De nuevo me encontré en aquel agujero, rodeado de guardias civiles. Ahora ya sabía que llevaba tres días entre sus manos, sin que me hubiesen dado un solo instante de respiro. Me anunciaron que el juez había prolongado mi detención incomunicada por dos días más, noticia que me produjo una terrible desesperación. Ahora me dijeron, tras los auxilios recibidos en el hospital, aguantarás dos días más».
El testimonio de Maite Pedrosa, detenida en Sevilla el 21 de marzo de 1998 por el mismo cuerpo militar, también ha sido extraído del relato que realizó en su día. En su caso, las vejaciones sexuales fueron constantes, incluidas las violaciones. «Me dijeron que me desnudara, pero me negué categóricamente; los golpes empezaron a lloverme sobre la cabeza, me arrancaron el jersey y, entre golpes, me desvistieron. Comenzaron a tocarme, a pesar de mis gritos y lloros, y ellos se reían fuerte, me amenazaron con violarme, me empujaban entre ellos como una muñeca de trapo, me insultaban. Me hicieron ponerme a cuatro patas y me introdujeron algo duro en el ano y la vagina. Me metían cosas en la boca y decían que eran electrodos. Las violaciones por tocamientos y por penetración se repitieron durante cinco o seis interrogatorios».
Tanto Josu Arkauz como Maite Pedrosa se encuentran actualmente en prisión.
* Evolucion judicial
El Ministerio Fiscal inculpó a seis policías por un delito de torturas a Enrique Erregere- na. La Audiencia Provincial de Madrid condenó a tres meses de arresto y un año de inhabilitación a cuatro. Tres de ellos fueron indultados.
El caso de Encarni Martínez se encuentra pendiente en el Juzgado de Instrucción 14 de Madrid, después de que la defensa de Martínez recurriera su archivo en febrero del 2000. Desde entonces, ni los abogados ni Encarni Martínez han recibido ninguna notificación.
La demanda que Josu Arkauz interpuso el 10 de marzo de 1997 se encuentra en el Juzgado de Instrucción 8 de Madrid, a la espera de ser examinada. El 4 de febrero de 1999, el Tribunal Administrativo de Pau declaró ilegal la entrega. En diciembre de 1999, el Comité contra la Tortura de la ONU condenó al Estado francés por la expulsión de Arkauz.
La denuncia de Maite Pedrosa fue archivada por el Juzgado de Tres Cantos. La decisión fue recurrida y está pendiente de resolución. La Fiscalía de la Audiencia Provincial de Bizkaia abrió diligencias contra su hermana Nerea, que denunció públicamente las torturas sufridas por su hermana, por un presunto delito de injurias a la Guardia Civil. *
A. UGARTE -I. LABEAGA